fumadores.jpgEn la última semana hemos escuchado a los miembros de la Sociedad de Neumología y a las asociaciones de derechos de no fumadores pedir al Ministerio de Sanidad la extensión de la actual Ley de medidas sanitarias frente al tabaquismo, más conocida como Ley Antitabaco, a todos los lugares públicos cerrados sin excepción. Las argumentaciones y las cifras no pueden ser más elocuentes: se podrían evitar entre 1.000 y 5.000 muertes prematuras al año, muchas de ellas de profesionales del sector hostelero.

Y es que la actual Ley Antitabaco, aun siendo totalmente necesaria su implementación en pleno siglo XXI, contiene un punto débil. Los legisladores no se atrevieron a lidiar contra las arraigadas costumbres de copa más cigarro o el cigarro durante y después de la comida. Dejaron que se pudiera fumar en determinadas condiciones. Las consecuencias son que la licencia para que el hostelero decida si se puede fumar o no en locales de menos 100 metros cuadrados implica que en la práctica se puede fumar en casi cualquier local de hostelería. La inmensa mayoría de ellos se hayan decantado por la opción con humo.

Por otro lado la ley, tal y como está planteada a día de hoy, entra en contradicción consigo misma: se prohíbe fumar en los lugares de trabajo pero se permite fumar en bares y restaurantes en los que hay personas trabajando. En mi opinión se debe acabar con esta tibieza y aprobar una nueva ley antitabaco con prohibición total, como en el resto de los países europeos y Estados Unidos. La salud de todos, incluida la de los fumadores, mejorará. Lo cierto es que resulta muy desagradable, sobre todo para los no fumadores, mayoría de la población en este momento, disfrutar de un almuerzo o una cena y tener que soportar el asqueroso olor del cigarrillo del de al lado, por no hablar de la neblina que se forma en los bares.